La tragedia, la contingencia y un sentido más profundo de Dios

He vivido en Santa Bárbara, California, durante los últimos cuatro años. En ese breve tiempo, mis vecinos y yo hemos experimentado una serie de tragedias reales. Hace poco más de dos años, el terrible incendio Thomas estalló en mi región pastoral, en las cercanías del Colegio Santo Tomás de Aquino (en inglés Thomas Aquinas College, de ahí el nombre). Durante un mes espantoso hizo su devastador camino desde Santa Paula a través de Ventura, Carpenteria, Montecito, y finalmente comenzó a devorar el follaje de las colinas justo al norte de mi casa. Un sábado por la mañana, mientras estaba de pie en mi jardín delantero, mirando fijamente las llamas, un capitán de bomberos retirado detuvo su coche y gritó por la ventana: “Monseñor, ¿qué hace todavía aquí? las brasas están volando por todas partes; todo el vecindario podría incendiarse”.

Todos nos sentimos aliviados cuando, unos días después, las lluvias finalmente llegaron y apagaron las llamas. Pero esa lluvia bienvenida se convirtió rápidamente en un diluvio, provocando un deslizamiento de lodo en las colinas devastadas por el fuego sobre Montecito. Veinticinco personas murieron arrastradas por el deslizamiento. En noviembre de ese mismo año, 2018, un hombre perturbado entró en un restaurante y bar abarrotado de gente llamado “Borderline”, situado en Thousand Oaks, en el extremo oriental de mi región pastoral. Abrió fuego al azar y mató a trece personas, incluyendo a un valiente policía que trató de detenerlo. El Día del Trabajo el pasado septiembre, treinta y cinco personas que dormían bajo cubierta en un barco de buceo amarrado justo en la costa de Santa Bárbara, murieron quemadas mientras el fuego rugía por sus estrechos camarotes.

He pensado en todas estas tragedias mientras nosotros, los habitantes de Santa Bárbara, junto con todo el país, nos enfrentamos ahora a la crisis del coronavirus. Creo que es justo decir que, a principios de año, nadie la veía venir. Nadie habría predicho que decenas de miles de personas se infectarían por un patógeno peligroso, que miles de personas morirían, que estaríamos encerrados en nuestras casas, que la economía se derrumbaría. Lo que parecía hace poco tiempo un estado de cosas bastante estable desde el punto de vista médico, político y económico se ha puesto patas arriba. Ahora, ¡no estoy escribiendo todas estas cosas negativas para deprimirlos! Lo hago para hacer un punto teológico.

Spread the love

Read the Whole Article at https://www.wordonfire.org/resources/feed/